"Veo que de ninguna manera es inútil viajar, si un hombre quiere ver algo nuevo". (Julio Verne)
martes, 31 de julio de 2018
lunes, 30 de julio de 2018
Las diez de últimas.
30 de julio. Tan temido como esperado. Es el peor día con diferencia. En él se mezcla el agobio de tener que recoger todo en un tiempo récord -tarea complicada- el cansancio y déficit de sueño acumulado que, tras la noche de gala no es poco, y, también, la pena porque otro campamento ya pasó a la dilatada historia de campamentos de nuestra parroquia de San Pedro de los Arcos.
Que han sido días intensos no es ninguna novedad. Lo habéis vivido casi en directo, o eso espero porque vuestra participación ha sido más bien modesta, pero suponemos que estáis al otro lado de la pantalla siguiendo con curiosidad el día a día desde lo que comíamos, a lo que jugábamos o lo que intentábamos transmitir a través de esos pequeños espacios dedicados a la formación.
La noche de ayer fue una locura. A las 2,30 de la madrugada saltaban, bailaban y cantaban imbuidos de esa extraña energía que aún no he sido capaz de identificar. Lo veréis en el TD que, por problemas con la conexión de internet, no hemos podido subir; lo subiremos esta noche. Con relación a este blog me gustaría pediros un favor: seguidlo durante unos días con vuestros hijos. Ellos no lo han visto. Vedlo con ellos y que comenten algo también. Y vosotros, no seáis zánganos y compartid vuestras impresiones, sugerencias... todo ayuda a mejorar. Os decía el día que partimos que vuestra implicación era esencial en el desarrollo de este campamento. Es una de las patas en las que pretendemos sustentarlo. Otra es el equipo de monitores, heterogéneo pero unidos por ese vínculo dual de la fe compartida y nuestra implicación en la parroquia. Y la tercera pata, cómo no, la imbricación del campamento con la pastoral parroquial. Este campamento carecería totalmente de sentido si no fuera así. Es una actividad más de la catequesis. Por eso os invito a que animéis a vuestros hijos también a que sean partícipes, si así los estimáis conveniente, también de esa parte. No es tan fácil como estos días, pero también contribuye a aportar los necesarios ladrillos para construir ese muro de su formación humana y cristiana. Aprovecho para agradecer la entrega e ilusión de los monitores que, desinteresadamente, contribuyen a que todo salga como sale.
Gracias a Marisa y a Marta porque cumplen con su trabajo, sí, pero la dosis de cariño y alegría con el que lo hacen no está en el "contrato".
Gracias a Nacho que se ha comido el montaje de todos los vídeos. Aunque he compartido con él las horas infumables a las que muchos días se hacía, en actitud española donde las haya, el curraba y yo miraba...
Y por último, y se me hace un poco difícil, gracias a Jorge. Este año no ha podido venir y, en breve, cosas de cambios de organización diocesana, dejara de ser nuestro párroco. Cuando se me ocurrió en 2003 recuperar nuestra tradición de campamentos, él fue un apoyo constante. Animó. Ayudó. Sugirió. Dejó hacer. Su conexión y cariño con los niños es evidente. Sus misas dominicales de 11,30 gustaban no sólo a los niños, sino también a los mayores y el lleno total de la iglesia, da buena fe de ello. En la parroquia hay catequesis de post comunión, de post confirmación; cada año ha habido confirmaciones... en fin; te vamos a echar mucho de menos. y gracias por todo. Dejarás de ser nuestro párroco pero seguirás siendo nuestro amigo. Eso no hay arzobispo que lo cambie.
Vuestros hijos han pasado por el campamento; ahora sólo me resta esperar que el campamento pase por vuestros hijos. Preguntadles. Que comenten con vosotros cosas. Que poco a poco, serena y tranquilamente, vayan fluyendo sus vivencias. Como el lento y pausado rumiar de las vacas.
Dejo esta ventana por este año. He intentado haceros cómplices de todo. He dejado el pudor y la vergüenza de lado para que, a través de humor, sea más fácil contagiaros el interés por que forméis parte de todo y en todo.
Dios dirá si Perbes 2019 abre de nuevo esta ventana.
De momento, barro, limpio, bajo las persianas, y con el silencio y la tranquilidad de que los errores que hayamos cometido son al menos desde la buena voluntad con la que suplimos otras carencias, echo la llave y con un sentido y casi ya nostálgico suspiro, me despido hasta que Dios quiera.
Que han sido días intensos no es ninguna novedad. Lo habéis vivido casi en directo, o eso espero porque vuestra participación ha sido más bien modesta, pero suponemos que estáis al otro lado de la pantalla siguiendo con curiosidad el día a día desde lo que comíamos, a lo que jugábamos o lo que intentábamos transmitir a través de esos pequeños espacios dedicados a la formación.
La noche de ayer fue una locura. A las 2,30 de la madrugada saltaban, bailaban y cantaban imbuidos de esa extraña energía que aún no he sido capaz de identificar. Lo veréis en el TD que, por problemas con la conexión de internet, no hemos podido subir; lo subiremos esta noche. Con relación a este blog me gustaría pediros un favor: seguidlo durante unos días con vuestros hijos. Ellos no lo han visto. Vedlo con ellos y que comenten algo también. Y vosotros, no seáis zánganos y compartid vuestras impresiones, sugerencias... todo ayuda a mejorar. Os decía el día que partimos que vuestra implicación era esencial en el desarrollo de este campamento. Es una de las patas en las que pretendemos sustentarlo. Otra es el equipo de monitores, heterogéneo pero unidos por ese vínculo dual de la fe compartida y nuestra implicación en la parroquia. Y la tercera pata, cómo no, la imbricación del campamento con la pastoral parroquial. Este campamento carecería totalmente de sentido si no fuera así. Es una actividad más de la catequesis. Por eso os invito a que animéis a vuestros hijos también a que sean partícipes, si así los estimáis conveniente, también de esa parte. No es tan fácil como estos días, pero también contribuye a aportar los necesarios ladrillos para construir ese muro de su formación humana y cristiana. Aprovecho para agradecer la entrega e ilusión de los monitores que, desinteresadamente, contribuyen a que todo salga como sale.
Gracias a Marisa y a Marta porque cumplen con su trabajo, sí, pero la dosis de cariño y alegría con el que lo hacen no está en el "contrato".
Gracias a Nacho que se ha comido el montaje de todos los vídeos. Aunque he compartido con él las horas infumables a las que muchos días se hacía, en actitud española donde las haya, el curraba y yo miraba...
Y por último, y se me hace un poco difícil, gracias a Jorge. Este año no ha podido venir y, en breve, cosas de cambios de organización diocesana, dejara de ser nuestro párroco. Cuando se me ocurrió en 2003 recuperar nuestra tradición de campamentos, él fue un apoyo constante. Animó. Ayudó. Sugirió. Dejó hacer. Su conexión y cariño con los niños es evidente. Sus misas dominicales de 11,30 gustaban no sólo a los niños, sino también a los mayores y el lleno total de la iglesia, da buena fe de ello. En la parroquia hay catequesis de post comunión, de post confirmación; cada año ha habido confirmaciones... en fin; te vamos a echar mucho de menos. y gracias por todo. Dejarás de ser nuestro párroco pero seguirás siendo nuestro amigo. Eso no hay arzobispo que lo cambie.
Vuestros hijos han pasado por el campamento; ahora sólo me resta esperar que el campamento pase por vuestros hijos. Preguntadles. Que comenten con vosotros cosas. Que poco a poco, serena y tranquilamente, vayan fluyendo sus vivencias. Como el lento y pausado rumiar de las vacas.
Dejo esta ventana por este año. He intentado haceros cómplices de todo. He dejado el pudor y la vergüenza de lado para que, a través de humor, sea más fácil contagiaros el interés por que forméis parte de todo y en todo.
Dios dirá si Perbes 2019 abre de nuevo esta ventana.
De momento, barro, limpio, bajo las persianas, y con el silencio y la tranquilidad de que los errores que hayamos cometido son al menos desde la buena voluntad con la que suplimos otras carencias, echo la llave y con un sentido y casi ya nostálgico suspiro, me despido hasta que Dios quiera.
domingo, 29 de julio de 2018
sábado, 28 de julio de 2018
Tempus fugit
Quien diría que ya sólo nos restan un par de días... parece que fue ayer mismo cuando llegamos y ya vemos el final a la vuelta de la esquina. Quizá sea la intensidad con la que se viven las horas la que acelera los relojes; tal vez que el sumergirse en un proyecto en el que aún crees y disfrutas -a pesar del cansancio y algunos sinsabores- encoja el calendario. Sí, se acaba, pero aún quedan horas densas e intensas por delante. En este instante están preparando los disfraces y la coreografía de los bailes de esta noche, una de la veladas favoritas porque ellos son parte fundamental en la preparación y puesta en escena; esta noche veremos -veréis- lo que ofrecen...
Esta mañana, cual arquitectos del medievo, han construido varios castillos en singular concurso que contó con el buen juicio y criterio de un profesor de historia de la universidad de Cambridge que ejerció de jurado. Lo veréis en el TD.
Pero hoy pretendo contaros que sucedió ayer en la mañana. Y espero que lo leáis, porque los ecos que nos llegan son más bien escasos. Tanto los vídeos como las reflexiones que comparto con todos vosotros son como un mensaje en una botella que lanzara al océano que, en esta hora vespertina, plácida y soleada, me acompaña en próxima vecindad. Solo estamos el mar y yo. Un paréntesis. Un espacio de calma en medio del incesante ruido que, tenaz y persistente, nos asedia en cada jornada. En un guiño a aquel lejano campamento de Perbes de hace... demasiados años pero que llevo tan dentro y que significó tanto, me acompaño de la música de Juan Salvador Gaviota en versión de Neil Diamod; no quiero caer en nostalgias estériles. No. No cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero recordar aquellos campamentos con una precariedad espartana y unas instalaciones que casi no llegaban a lo considerables mínimos exigibles, me sirve para afianzar la irrenunciable creencia en la utilidad de un estilo y una forma de entender un campamento que, a pesar de décadas, sigue siendo vigente y fundamental en lo esencial.
Bueno, que me me voy por los cerros de Úbeda... Es imposible hablar de todo y tampoco estoy seguro que os interese conocer todo en detalle pero, como os dije en varias ocasiones, contar con vuestra implicación y participación es una pata sobre la que sustentamos -intentamos al menos- nuestro proyecto. Así que voy a ceñirme a resumiros, dudo que con éxito, la reunión de formación de ayer. Una primera parte era sobre nuestros aciertos y errores en la conservación de "la casa común". Pequeños gestos al alcance de todos para favorecer el cuidado del medio ambiente: reciclar en casa, consumir menos, apagar las luces, no tirar basura... y muchos más "pequeños" gestos al alcance de todos que redundarán, sin duda, en beneficio común y que, a la fuerza, han de ser una obligación moral con las futuras generaciones y para lo que necesitan, indefectiblemente, vuestra participación y compromiso. El papel lo aguanta todo, pasar de las musas al teatro, es otra cosa...
Pero también tuvimos una parte que, os confieso, me sorprendió y emocionó. Hoy decía por la mañana, cuando intentábamos hacer un resumen de que les había calado en estos días -tarea compleja- que miraran a Francisco de Asís como a ese deportista de élite en el que se fijan para emular sus técnicas hacia el éxito. Para copiar aquello que les ayude a mejorar. Eso ha de ser nuestro "Pachín el Buenagente", un espejo en el que mirarnos y al que imitar en aquellas actitudes que proponíamos al inicio: gratitud, alegría, humildad, paz, compasión, fraternidad... Y buena parte de ellas se resumieron en el testimonio que tres de nuestros monitores brindaron acerca de su estancia este verano en África: Mario y Berto en Benín y Fito en Ghana. Un testimonio cercano, intenso. En primera persona que, sorprendente e increíblemente, mantuvo a los lebreles quietos, atentos y callados durante ¡más de dos horas! Realmente histórico. Apoyados en unas pocas fotos nos contaron cómo conocer una realidad tan distinta y distante que les ha hecho relativizar muchas cosas. Como conocer a gente que carece de casi todo pero te abren su casa y te ofrecen lo que no tienen, que admiran muchas cosas nuestras pero no entienden ni comparten nuestro egoísmo, individualismo e inconformismo. Nuestra sed insaciable por poseer más y más cosas inútiles que, a la postre, resultan tan innecesarias como superfluas. Conocer a niños que duermen al lado de unas letrinas rodeados, literalmente, de mierda. Descubrir casualmente a una familia de nueve personas a las que una simple esterilla donada, apenas cuarenta euros, les sirvió para dormir todos juntos y a besar las manos a quien se la dio. Poner rostro y nombre a niños que saben que el futuro sólo es mañana. Que no tienen nada más que lo puesto pero que son felices en plenitud, impresiona. Niños con una dieta tan pobre y tan poco variada que empujan a limitantes déficits alimenticios y, en ocasiones, a la muerte. Fue allí, entre la más absoluta pobreza, donde descubrieron la generosidad más grande y una felicidad basada en disponer de lo esencial sin preocupaciones ni atadura alguna a lo material. Fueron pensando en aportar algo y más bien fue al revés. Fueron ellos los que recibieron mucho más. Niños que pueden ser felices por el mero hecho de que juegues al trenecito con ellos media hora. Niños terminales, víctimas de la fiebre amarilla, que te devuelven los regalos, valiosísimos para ellos, porque prefieren que pases un poco de tu tiempo con ellos; sin duda alguna, el mejor regalo. Creo que allí aprendieron una lección que, probablemente, no olvidarán nunca: la felicidad no llega por tener más. Llega por vivir la vida en plenitud. Disfrutar del aquí y del ahora. Con generosidad.
Han vivido una experiencia intensa que me resulta muy complicado resumir; ojalá pudiera. Pero me siento incapaz de hacerlo; las palabras, hoy, me quedan cortas. Vuestros hijos han tenido la fortuna de conocerla de primera mano. De tres de los monitores que les han acompañado estos días. Cuando vuelvan a casa, a las comodidades de nuestros hogares, ojalá recuerden los rostros de esos niños que se asomaron a nuestra cotidianidad para interrogarnos y, tal vez, cuestionar nuestro propio estilo de vida.
Quizá esa sea la moraleja más valiosa.
Esta mañana, cual arquitectos del medievo, han construido varios castillos en singular concurso que contó con el buen juicio y criterio de un profesor de historia de la universidad de Cambridge que ejerció de jurado. Lo veréis en el TD.
Pero hoy pretendo contaros que sucedió ayer en la mañana. Y espero que lo leáis, porque los ecos que nos llegan son más bien escasos. Tanto los vídeos como las reflexiones que comparto con todos vosotros son como un mensaje en una botella que lanzara al océano que, en esta hora vespertina, plácida y soleada, me acompaña en próxima vecindad. Solo estamos el mar y yo. Un paréntesis. Un espacio de calma en medio del incesante ruido que, tenaz y persistente, nos asedia en cada jornada. En un guiño a aquel lejano campamento de Perbes de hace... demasiados años pero que llevo tan dentro y que significó tanto, me acompaño de la música de Juan Salvador Gaviota en versión de Neil Diamod; no quiero caer en nostalgias estériles. No. No cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero recordar aquellos campamentos con una precariedad espartana y unas instalaciones que casi no llegaban a lo considerables mínimos exigibles, me sirve para afianzar la irrenunciable creencia en la utilidad de un estilo y una forma de entender un campamento que, a pesar de décadas, sigue siendo vigente y fundamental en lo esencial.
Bueno, que me me voy por los cerros de Úbeda... Es imposible hablar de todo y tampoco estoy seguro que os interese conocer todo en detalle pero, como os dije en varias ocasiones, contar con vuestra implicación y participación es una pata sobre la que sustentamos -intentamos al menos- nuestro proyecto. Así que voy a ceñirme a resumiros, dudo que con éxito, la reunión de formación de ayer. Una primera parte era sobre nuestros aciertos y errores en la conservación de "la casa común". Pequeños gestos al alcance de todos para favorecer el cuidado del medio ambiente: reciclar en casa, consumir menos, apagar las luces, no tirar basura... y muchos más "pequeños" gestos al alcance de todos que redundarán, sin duda, en beneficio común y que, a la fuerza, han de ser una obligación moral con las futuras generaciones y para lo que necesitan, indefectiblemente, vuestra participación y compromiso. El papel lo aguanta todo, pasar de las musas al teatro, es otra cosa...
Pero también tuvimos una parte que, os confieso, me sorprendió y emocionó. Hoy decía por la mañana, cuando intentábamos hacer un resumen de que les había calado en estos días -tarea compleja- que miraran a Francisco de Asís como a ese deportista de élite en el que se fijan para emular sus técnicas hacia el éxito. Para copiar aquello que les ayude a mejorar. Eso ha de ser nuestro "Pachín el Buenagente", un espejo en el que mirarnos y al que imitar en aquellas actitudes que proponíamos al inicio: gratitud, alegría, humildad, paz, compasión, fraternidad... Y buena parte de ellas se resumieron en el testimonio que tres de nuestros monitores brindaron acerca de su estancia este verano en África: Mario y Berto en Benín y Fito en Ghana. Un testimonio cercano, intenso. En primera persona que, sorprendente e increíblemente, mantuvo a los lebreles quietos, atentos y callados durante ¡más de dos horas! Realmente histórico. Apoyados en unas pocas fotos nos contaron cómo conocer una realidad tan distinta y distante que les ha hecho relativizar muchas cosas. Como conocer a gente que carece de casi todo pero te abren su casa y te ofrecen lo que no tienen, que admiran muchas cosas nuestras pero no entienden ni comparten nuestro egoísmo, individualismo e inconformismo. Nuestra sed insaciable por poseer más y más cosas inútiles que, a la postre, resultan tan innecesarias como superfluas. Conocer a niños que duermen al lado de unas letrinas rodeados, literalmente, de mierda. Descubrir casualmente a una familia de nueve personas a las que una simple esterilla donada, apenas cuarenta euros, les sirvió para dormir todos juntos y a besar las manos a quien se la dio. Poner rostro y nombre a niños que saben que el futuro sólo es mañana. Que no tienen nada más que lo puesto pero que son felices en plenitud, impresiona. Niños con una dieta tan pobre y tan poco variada que empujan a limitantes déficits alimenticios y, en ocasiones, a la muerte. Fue allí, entre la más absoluta pobreza, donde descubrieron la generosidad más grande y una felicidad basada en disponer de lo esencial sin preocupaciones ni atadura alguna a lo material. Fueron pensando en aportar algo y más bien fue al revés. Fueron ellos los que recibieron mucho más. Niños que pueden ser felices por el mero hecho de que juegues al trenecito con ellos media hora. Niños terminales, víctimas de la fiebre amarilla, que te devuelven los regalos, valiosísimos para ellos, porque prefieren que pases un poco de tu tiempo con ellos; sin duda alguna, el mejor regalo. Creo que allí aprendieron una lección que, probablemente, no olvidarán nunca: la felicidad no llega por tener más. Llega por vivir la vida en plenitud. Disfrutar del aquí y del ahora. Con generosidad.
Han vivido una experiencia intensa que me resulta muy complicado resumir; ojalá pudiera. Pero me siento incapaz de hacerlo; las palabras, hoy, me quedan cortas. Vuestros hijos han tenido la fortuna de conocerla de primera mano. De tres de los monitores que les han acompañado estos días. Cuando vuelvan a casa, a las comodidades de nuestros hogares, ojalá recuerden los rostros de esos niños que se asomaron a nuestra cotidianidad para interrogarnos y, tal vez, cuestionar nuestro propio estilo de vida.
Quizá esa sea la moraleja más valiosa.
viernes, 27 de julio de 2018
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